Este espacio acompaña y orienta. Si hay una emergencia o riesgo inmediato, llama a los servicios de emergencia de tu zona. También puedes revisar Líneas y recursos externos.
Después de que la tierra tembló

Más Luz Venezuela

Un espacio para recordar que no estamos solos en esto.

La tierra se movió, y desde entonces cuesta sentir suelo firme. Este es un lugar sereno para pausar, respirar, volver al presente o guardar silencio.

respira
Si quieres, sigue esta luz: crece al inhalar, se achica al exhalar.
No tienes que hacerlo perfecto. Solo acompaña el ritmo unos segundos.
Lo primero

Lo que sientes es humano.

Después de un sismo, muchas personas pueden sentir miedo, tensión, dificultad para dormir o la sensación de que el piso sigue moviéndose. No es debilidad ni exageración: es el cuerpo intentando protegerte. Con tiempo, calma, compañía y apoyo, muchas de estas sensaciones pueden ir cediendo.

Elige por dónde empezar

No tienes que leerlo todo.

Elige lo que necesitas ahora.

Para el alma

Elige una práctica.

No hay forma correcta: como te haga bien. Cada una se abre en el rincón de calma.

Cuidémonos entre todos

Cuidarnos también es ayudar.

El corazón de esto

No tienes que atravesarlo en soledad. Saber que alguien sabe de ti —y que tú sabes de alguien— cambia todo.

No estoy solo/a →

No aumentar el caos

Verificar antes de reenviar, compartir información confiable y elegir palabras que sostengan. No amplificar más angustia sin necesidad.

Saber qué hacer también calma

Si la tierra vuelve a moverse

Después de un terremoto pueden ocurrir réplicas. Algunas son leves; otras pueden sentirse fuertes. Tener un plan sencillo en mente ayuda a responder con más calma.

Durante

Agáchate, cúbrete y agárrate. Métete bajo una mesa firme o junto a un muro interior. Protege tu cabeza y cuello. Lejos de ventanas, vidrios y objetos que puedan caer.

No corras

No uses ascensores ni salgas corriendo por las escaleras mientras se mueve. La mayoría de las lesiones ocurren al intentar desplazarse. Espera a que pase.

Después

Cuando el movimiento haya terminado, procura mantener la calma y seguir tu plan. Revisa si hay heridos, fugas u olor a gas. Si el lugar está dañado o hay riesgo, prioriza salir de forma segura.

Ten un bolso listo

Cerca de la puerta o de la cama, un bolso con lo esencial da tranquilidad: agua, algo de comida, documentos, una lista de contactos, medicinas, linterna, cargador, una manta, un par de cambios de ropa y zapatos cómodos.

Si hay niños o adultos mayores

Acuerda con ellos, con calma, un plan sencillo: a dónde ir, a quién llamar, dónde está el bolso. A los niños, explícales con palabras simples; a los adultos mayores, asegúrate de que tengan cerca sus medicinas, lentes y un teléfono cargado.

Puedes activar las alertas sísmicas de tu teléfono (Android tiene alertas integradas; en iPhone hay apps de avisos de réplicas).

Durante el movimiento, primero protégete y espera a que pase. Cuando ya estés en un lugar seguro, puedes volver a Respira conmigo o Volver al presente para ayudar a tu cuerpo a recuperar calma.

Siento que el piso se mueve

A veces, después de un susto fuerte o un sismo, algunas personas sienten que el piso sigue moviéndose aunque todo esté quieto. Puede pasar cuando el cuerpo quedó en alerta. No tienes que pelear con esa sensación; puedes volver poco a poco al presente.

  1. Si puedes, siéntate o apoya la espalda.
  2. Presiona ambos pies contra el piso.
  3. Mira tres objetos fijos a tu alrededor.
  4. Apoya las manos sobre tus piernas o junta las palmas suavemente.
  5. Repite por dentro: "Estoy aquí. El piso está firme bajo mi cuerpo. Ahora puedo respirar."

Si la sensación es muy intensa, persiste, viene con dolor fuerte en el pecho, falta de aire intensa, desmayo, confusión o te preocupa mucho, busca apoyo médico o llama a emergencias.

Una carta para ti

Un mensaje para leer con calma, si hoy necesitas sentirte acompañado/a.

La tierra se movió dos veces.
Y, con ella, también se movió algo dentro de nosotros.

Sentimos miedo. Llamamos a quienes amamos con el corazón en la mano. A algunos aún nos cuesta dormir. Otros siguen con esa sensación extraña de que todo todavía se tambalea.

Y está bien sentirse así.

No es exageración. Es el cuerpo y el corazón intentando entender algo muy fuerte.

En estos días, la fe también puede sentirse distinta. No como una respuesta perfecta, sino como una forma de seguir respirando cuando todo parece demasiado.

Esto nos tocó a todos de alguna manera: a quienes están cerca, a quienes están lejos, a quienes perdieron a alguien, a quienes siguen esperando noticias, a quienes ayudan, a quienes tienen familia en zonas afectadas y a quienes sienten ese dolor difícil de explicar al ver sufrir al país.

Por eso hoy no hace falta fingir que estamos enteros.

Tal vez basta con hacer una pausa. Tomar aire. Cuidar a los nuestros. Preguntar por un vecino. Orar, meditar o guardar silencio. Ayudar en lo que podamos. Y sostenernos con más compasión, más calma y menos juicio.

El miedo puede aparecer. Es humano.
Pero no tiene que decidir por nosotros.

También podemos cuidar lo que compartimos. Verificar antes de reenviar. No aumentar el caos. Elegir palabras que acompañen. Buscar información confiable. Dar una mano donde sea posible.

Nos necesitamos todos.
Y cualquier gesto cuenta.

Una oración. Una llamada. Una donación. Un mensaje. Un contacto. Un dato verificado. Una mano cerca. Un pequeño acto de ayuda.

Porque Venezuela necesita oración, sí.
Pero también necesita calma, apoyo, unión y acciones concretas.

Que Dios cuide a nuestra Venezuela: a quienes tienen miedo, a quienes perdieron a alguien, a quienes siguen esperando noticias, a quienes están ayudando y a quienes hoy necesitan sentir que no están solos.

Seguimos contigo, Venezuela.